No Hagas Dieta
 
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Pero es que "No me gusta la comida sana"
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No me gusta la comida sana

¡Ah! Seguramente estás pensando “es que lo sano no es sabroso” o el caso opuesto “todo lo rico engorda”. Bueno, sí y no.

Veras, la obesidad tiene síntomas de una adicción, aunque no siempre lo sea. En una adicción tu cuerpo te pide algo (comida, bebida, juego, etc.) que lo hace sentir bien. El problema es que a veces el cuerpo solo cree que se siente bien aunque realmente se está enfermando cada vez más. Con la obesidad tu cuerpo te exige le sigas dando comida basura. Por eso toda la basura que comes te sabe tan rico. Y por eso mismo la comida sana te puede parecer desagradable. ¡No caigas en la trampa! Tu cerebro, tu lengua, tu estomago ¡están intoxicados! ¡En serio! Y por eso te siguen pidiendo basura y no te dejan probar cosas sanas.

Haz la prueba. Posiblemente los primeros días, semanas, te cueste trabajo creer que la verdura apenas cocida al vapor (por poner un ejemplo) sea sabrosa. Pero conforme toda la basura impregnada en tu boca, tu estómago y ¡tu cerebro! empiece a removerse, podrás disfrutar de una forma más plena la comida y descubrirás esos deliciosos sabores que no pensaste que pudieran estar ahí.

Y todavía hay un truquito más. Algo bien interesante que sigue siendo parte de la sabiduría del diseño de nuestro cuerpo.

Tu cuerpo te habla. Cuando la basura empiece a salir de tu cuerpo y tu cuerpo sienta la diferencia al comer cosas sanas ¡tu propio cuerpo te ira guiando en lo que debes comer!

Tu mismo notarás que si tienes paciencia y perseveras, un día pasaras frente a un manojo de espárragos ¡y se te van a antojar! Y verás casi con asco las bolsas de botanas fritas.

Tu mismo notarás que si tienes paciencia y perseveras, un día te pondrás una hoja de lechuga cruda en la boca y disfrutaras su suave dulzor y sentirás insoportable el industrializado sabor de un refresco.

Prueba, desintoxícate, reedúcate, reaprende, y veras que tu cuerpo es sabio y te podrá guiar en el camino a estar sano.

Pero en serio, todo lo rico engorda
Dios hizo a la naturaleza muy sabia y le dio ese sabor a la comida. Efectivamente, la glucosa y los carbohidratos entre otras cosas aportan el sabor que hace sabrosa a la comida. Precisamente es el medio por el que nos dejan saber que ahí está el combustible que necesita el cuerpo. Pero como sociedad hemos cometido el error de siempre darle prioridad al sabor sobre el valor nutricional.

Y esto no quiere decir que lo nutritivo no sea sabroso, es solo que los aportes de glucosa y carbohidratos son menores, pero ¡ahí están también! O sea ¡también son sabrosos! Y tienen la ventaja de no solo aportar carbohidratos y demás contenidos calóricos, sino que en la comida sana como las verduras y las frutas (¡frescas, no industrializadas!) también hay proteínas, vitaminas, y demás nutrientes vitales.

Somos nosotros quienes debemos comer con inteligencia, no dejándonos guiar solo por instinto en el sabor y debemos anteponer la razón. Te reitero el principio, piensa en lo que cada bocado que ingieres le va a aportar a tu cuerpo y verás que la comida tomará otro sentido.


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